Politica criminal: una critica a las relaciones de poder.
La criminología, aunque a simple vista no lo parezca, está enormemente entrelazada con las ramificaciones existentes del poder político y es más que pertinente en cómo este se ejerce sobre los ciudadanos.
Pero para poder
comprender como la criminología se inmiscuye en las dinámicas de poder que
rigen la sociedad contemporánea, es necesario explorar la historia, no de la
criminología, sino de la política criminal; su principal estrategia para llevar
a cabo sus objetivos de seguridad y control social.
Es en este ultimo
aspecto donde yace la importancia política de la criminología. Pero esto se
revisará posteriormente. Primeramente, es necesario, saber qué es la política criminal.
Históricamente,
desde que la primera ley fue instaurada por el gobernante de turno, la política
criminal y por ende la criminología existen. Aunque de manera arcaica y
reduccionista, la función de la una era determinar la actitud o situación a
penar, y la otra (la política criminal en cuestión) se encargaba de establecer
la pena o castigo al determinado crimen (Neder, G. & Cerqueira, G., 2007).
En la actualidad,
aunque a través de más complejos procesos, a causa de la existencia de más
información disponible en el área de la conducta desviada de los criminales, si
bien la manera en la que la política criminal funciona es distinta, en
principio es de practicidad similar. Con la diferencia de que en los tiempos
que corren, la política criminal se ha inclinado más en su capacidad de control
social (Zúñiga, 2018).
Ahora bien, para
conceptualizar adecuadamente, se entiende que la política criminal es la herramienta
constituida en base a estrategias discursivas, así como métodos aplicativos
empleados por la criminología y el derecho penal (el cual cabe destacar es un área
muy compleja de balancear en pro homine), para controlar el comportamiento de
las personas y así reducir la criminalidad.
Si bien, en teoría
este es el propósito, y comúnmente este es el uso que se le da, la existencia
palpable de usos corruptos de la misma para utilizar las leyes y las penas para
castigar comportamientos que simplemente son desagradables a los ojos de la oligarquía
no es una extrañeza. Mucho menos en Latinoamérica.
Para muestra de
la anterior declaración es justo presentar casos como el de Brasil, país en el
cual la religiosidad se encuentra tan inmiscuida en la política y en la
creación de las leyes que, a través de la política criminal se encargan de
criminalizar comportamientos sin mayor base que la fe (Neder, G. & Cerqueira,
G., 2007).
Otro ejemplo visible
es el uso tan constante que se le suele dar a la política criminal para facilitarle
a algunos el evadir sus responsabilidades económicas para con el Estado, entiéndase
por esto el pago de impuestos (Malaguti, 2009).
En síntesis, la
relación existente entre la criminología y el poder político es inevitable, sin
embargo, es requisito que los distintos sistemas estatales se hagan cargo de
modelar sistemas legales que dificulten con mayor avidez la posibilidad de que
alguien emplee la política criminal para facilitar los crímenes de cuello
blanco o aún peor, para forzar a la sociedad a actuar en pro de su propia
agenda de intereses personales.
Referencias
Binder, A. (2010). La política criminal en el marco de
las políticas públicas. Revista de Estudios de la Justicia, 12, 213-229.
Malaguti, V. (2009). Criminología e política criminal. Revista
Internacional de Historia Política e cultura jurídica, Rio de Janeiro, 1(2),
20-39.
Neder, G. & Cerqueira, G. (2007). Cultura jurídica,
cultura religiosa no Brasil e criminología & poder político. Diálogos –
Revista do Departamento de História e do Programa Pós-Graduação em História, 11(3), 19-37.
Zúñiga, L. (2018). Dogmática funcionalista y política criminal:
una propuesta fundada en los derechos humanos. Revista de la facultad de
derecho, 81, 47-92.
Comentarios
Publicar un comentario